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"¡¿Cómo te vas a casar si no sabes hacer tortillas ni poner los frijoles m'ijita?!" Sí, ya sé que suena muy tradicional, anticuado... absurdo quizá, pero es real; en esta serrana parte de México, como en muchas otras regiones poco urbanizadas, llenas de cultura y tradición, el poner los frijoles, hacer el café y echar las tortillas son algo así como los 3 mandamientos requeridos para aspirar al matrimonio.
Sin embargo, y aunque parezca cosa sencilla, existe todo un ritual detrás de ello.
'Poner los frijoles' quiere decir que hay que poner los frijoles a hervir con la cantidad correcta de agua, cebolla y sal, para lo que previamente se tuvieron que sembrar, cosechar y limpiar, esto último muy importante porque luego traen piedritas de la tierra y cuando te los comes te puedes romper el diente o llevar un mal sabor. Claro, antes de hervirlos hay que remojarlos algo así como toda la noche anterior para que se ablanden y entonces sí, ya los puedes poner a hervir. Una tarea muy noble al parecer, nada del otro mundo pues aún en mi casa lo hacemos pero el reto es que no se te quemen, porque si no ¡ya valiste!
1. Apesta toda la casa como a ... ya sabes, ¡pedo!
2. Serás una fracasada aspirante al matrimonio, así que te aguantas, igual y te toca casarte con el viejo viudo borracho, pero que tiene 'arto' ganado...
3. Morirás de hambre.
Luego entonces, como buena chica citadina - e inútil en la cocina- me limité a ver y posteriormente a comerlos con un poquito de manteca y en un taquito de tortillita hecha a mano... mmmmm... creo que podría ser hombre fácilmente.
'Hacer el café' ¡Pero qué sencillo! Yo lo hago todos los días en mi cafetera eléctrica, nomás le echo agüita y le aprieto el botoncito... Por favor, es mi tema favorito.
Hmmm, bueno por estos lugares la vida es notablemente más saludable, más sencilla, más armoniosa con lo natural, por lo que a todo lo que hagas hay que ponerle un poquito más que un chorrito de agua, hay que ponerle el corazón - ya sé, ando melosa-. Por acá, el café es café de olla, que implica, además de siembra y corte de café, lavarlo (en cubetas), secarlo (al sol), tostarlo (en comal) y molerlo (en mortero), todo manualmente por supuesto. Una vez listo este verdaderamente artesanal proceso, el café está listo para hervir: En una olla de barro, sobre la leña se pone a hervir agua con piloncillo y -a veces- canela, cuando ya hirvió se le agrega el café molido y se deja reposar unos minutos. Se sirve bien caliente en una taza de barro o peltre y pues si tienes un pan - telera o bolillo- a la mano habrás conseguido disfrutar completamente un buen café de olla.
Este mandamiento prematrimonial si 'se los vengo manejando' nomás que para conseguir marido tengo que saber hacer todo a mano... ¡Éstas mujeres de hoy, caray! Ya me quedé sin vaquitas :(
| Mis amigos en clases de tortilla |
'Echar las tortillas' hace referencia a ponerlas a calentar en el comal, pero esto previamente involucra, además de la siembra y cosecha, su respectivo ritual y fiesta, luego esperar a que se seque, desgranarlo, molerlo, agregarle agua y cal, y amasar y entonces viene lo mero bueno, que he llamado tortillear (hacer las tortillas con las manos en cuestión de segundos logrando un círculo perfecto con la masa lo suficientemente gruesa para que no se rompa, lo suficientemente delgada para que no quede cruda y lo suficientemente grande para que le quepa el relleno del taco).
Entonces lo intentamos, mi amiga María -la rubia de la foto- y yo que siempre somos las más emocionadas para aprender lo artesanal, muy entusiastas las muchachas ¡cómo no!... amasamos (según), tomamos una porción de masa entre las manos, la vimos. Volvimos a tomar otra porción, la vimos, le quitamos tantito el exceso de masa, la vimos, la hicimos bolita, la intentamos tortillear, la vimos, la volvimos a hacer bolita, la tortilleamos de nuevo, parecía un tamal. La destruimos y amasamos de nuevo, la tortilleamos, la vimos, volvimos a tortillear. Se rompió. La volvimos a juntar con el resto de la masa y empezamos todo de nuevo. Después de más o menos 28 intentos nos salió una especie de tlacoyo gordo... la pusimos al comal, se rompió y salió cruda... para entonces Lupita y su hija -nuestras anfitrionas- ya habían hecho todas las tortillas para las 10 personas que comeríamos en su casa... (uufff, qué alivio...!!)
Y fue así como María y yo sufrimos mucho al darnos cuenta que nuestros +20 años de escolaridad carecían de sentido al no poder ser capaces de crear ¡UNA TORTILLA!, ¿en qué estaban pensando nuestras maestras del kinder?¿a caso creían que cantando "Witsy araña" podríamos resolver problemas de la vida real como este???
Lo siento, necesito un café, con permiso.

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